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Poesía culta y poesía popular en la Edad Media


Sin duda, la poesía lírica medieval lo tenía muy difícil para llegar a nuestros días. Porque la expresión de sentimientos, que es lo que caracteriza al género, no era algo que interesara demasiado a los primeros depositarios de la cultura escrita, es decir, los clérigos, afanados en adoctrinar al pueblo en la fe cristiana  y la salvación de su alma tras la muerte.



Así que como la necesidad de expresar los sentimientos es consustancial al ser humano, sabemos que en Castilla la gente cantaba canciones (que lo que hoy consideramos "poemas" eran muchas veces letras de canciones), que no se pusieron por escrito (los que las cantaban no sabían escribir, los que sabían escribir no tenían el mínimo interés en invertir el carísimo material de escritura y el valiosísimo tiempo que costaba en conservar las canciones populares) y por tanto no conservamos.





Y es que en la Edad Media europea se distinguen dos grandes típos de poesía lírica: la lírica culta, vinculada a los nobles, escrita y artificiosa (que sí, la conservamos), y la poesía popular, anónima, oral, colectiva, tradicional, sencilla y espontánea que solo nos ha llegado cuando los poetas nobles se dignaron a ponerla por escrito. Y esto en Castilla no sucerá hasta el siglo XV (el último siglo de la Edad Media, considerado ya Prerrenacimiento), frente a otras zonas, como Al-Andalus o el noroeste peninsular, donde surgieron sendas escuelas de poetas cultos que, al lado de sus cultísimos poemas, recogieron versos y canciones populares, seguramente como curiosidad espontánea que contrastara con lo elaborado, ingenioso y culto de sus poemas. Y así nos llegaron, respectivamente, las jarchas mozárabes que empiezan en el siglo XI y las Cantigas de Amigo que proliferaron sobre todo en el XIII



Y mientras esperamos al XV, para estudiar la poesía lírica propiamente castellana, aquí os dejo la presentación que os explica todo esto:


Poesía popular del siglo XV: romances y villancicos.



Durante el siglo XV, al lado de esa eclosión de la literatura cortesana , encontramos por fin testimonios escritos de esa otra corriente paralela que sabemos que existió a lo largo de toda la Edad Media: la literatura popular, creada por y para el pueblo y que formaba parte de su vida cotidiana: tanto en el gusto por contar y escuchar historias, como por tener canciones que acompañaran distintos momentos y situaciones (el trabajo, la fiesta, los viajes, las bodas, las despedidas... y por supuesto, los amorosos, ya sea de amor feliz o desgraciado).



Esta es una literatura anónima, colectiva, llena de variantes, sencilla y espontánea, prácticamente en el polo opuesto de la artificiosidad y convencionalidad de la poesía que los nobles hacían circular en sus cortes.Y de ella forman parte dos grandes ramas: 

  • Por una parte, el Romancero Viejo, un conjunto de poemas en su mayor parte narrativos en los que encontramos, aunque bastante cambiados, a los héroes de los Cantares de Gesta, y también de otras épicas europeas, o sucesos históricos, o la situación de guerra en la frontera entre musulmanes y cristianos, u otros argumentos inventados que a veces sirven de excusa para simbolizar y expresar sentimientos en los que todavía podemos reconocernos. 
  • Y por otra parte, la lírica tradicional (los denominados "villancicos") que eran en realidad las letras de las canciones que formaban parte de la vida de la gente corriente del último siglo de la Edad Media.





Romancero y lírica tradicional: poemas, poemas, poemas



 


Nada para conocer bien una corriente literaria como leer sus textos... Así que aquí tenéis algunos de los más célebres versos que nos dejaron el Romancero Viejo y la Lírica Tradicional:



En primer lugar, aquí os dejo una selección de villancicos, es decir, las canciones cotidianas que cantaban los castellanos del siglo XV: teneis de todo: canciones de amor, albas, mayas, ecos de una malmaridada (aunque en realidad fuera escrita por el poeta Gil Vicente imitando el estilo de la lírica tradicional), algunos ecos de canciones de cosecha... Todas con su estribillo, como era característico de las canciones populares de entonces... y de casi todas las que vinieron después hasta nuestros días. 

 



Entra mayo y sale abril:

¡tan garridico le vi venir!



Entra mayo con sus flores,

sale abril con sus amores,

y los dulces amadores

comiencen a bien servir.



******



Tres morillas me enamoran

en Jaén,

Axa y Fátima y Marién.



Tres morillas tan garridas

iban a coger olivas,

y hallábanlas cogidas

en Jaén,

Axa y Fátima y Marién.



Y hallábanlas cogidas,

y tornaban desmaídas

y las colores perdidas

en Jaén,

Axa y Fátima y Marién.



Tres moricas tan lozanas,

tres moricas tan lozanas,

iban a coger manzanas

a Jaén,

Axa y Fátima y Marién.



******







Luna que reluces,

toda la noche alumbres.



Ay, Luna que reluces,

blanca y plateada,

toda la noche alumbres

a mi linda enamorada!



Amada que reluces,

toda la noche alumbres.



******



Si la noche se hace escura

y tan corto es el camino,

¿cómo no venís, amigo?



La media noche es pasada

y el que me pena no viene:

mi desdicha lo detiene,

¡qué nascí tan desdichada!

Háceme venir penada

y muéstraseme enemigo.

¿Como no venís, amigo?



******



Ya florecen los árboles, Juan:

¡mala seré de guardar!



Ya florecen los almendros

y los amores en ellos, Juan,

mala seré de guardar.

Ya florecen los árboles, Juan:

¡mala seré de guardar



******



Dícenme que el amor no fiere,

mas a mí muerto me tiene.



Dícenme que el amor no fiere,

ni con fierro ni con palo,

mas a mí muerto me tiene,

la que traigo de la mano.



Dícenme que el amor no fiere,

ni con palo ni con fierro,

mas a mí muerto me tiene

la que traigo de este dedo.



******



Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.



Mas quiero vivir segura

nesta sierra a mi soltura,

que no estar en ventura

si casaré bien o no.



Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.



Madre, no seré casada

por no ver vida cansada,

o quizá mal empleada

la gracia que Dios me dio.



Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.



No será ni es nacido

tal para ser mi marido;

y pues que tengo sabido

que la flor yo me la só.



Dicen que me case yo:

no quiero marido, no



                                                   (Gil Vicente )

******



Ya cantan los gallos

amor mío y vete;

cata que amanece.



Vete, alma mía,

más tarde no esperes,

no descubra el día

los nuestros placeres.

Cata que los gallos,

según me parece,

dicen que amanece.



Ya cantan los gallos

amor mío y vete;

cata que amanece.



******


Y os dejo también unos cuantos romances imprescindibles, que siguen conectando con la sensibilidad de lectores actuales, por su simbolismo,  y por su capacidad de sugerir y de espolear a la imaginación para que eche a volar. De muchos tenéis además alguna versión musical:


  • El Romance del Conde Olinos, del que tenemos multitud de variantes (como es frecuente y lógico cuando las obras se transmiten boca a boca y cuando se conservan en algo tan frágil y travieso como la memoria). Aquí os dejo la que tiene final más o menos feliz (que circuló también con el Conde Olinos convertido en Conde Niño bajo el acertado título de "Romance del amor más poderoso que la muerte"), pero hay otras en las que el romance termina con la muerte de los amantes... y punto. Seguro que reconocéis algunos elementos de cuentos infantiles y de otras leyendas que circulan por ahí...




Madrugaba el conde Olinos

mañanita de San Juan,

a dar agua a su caballo

a las orillas del mar.

Mientras el caballo bebe

canta un hermoso cantar;

las aves que iban volando

se paraban a escuchar:

Bebe, mi caballo, bebe,

Dios te me libre del mal:

de los vientos de la tierra

y de las furias del mar.

De altas torres del palacio,

la reina le oyó cantar:

-Mira, hija, cómo canta

la sirena de la mar.

-No es la sirenita, madre,

que ésta tiene otro cantar;

es la voz del conde Olinos

que por mis amores va.

-Si es la voz del conde Olinos,

yo le mandaré matar,

que para casar contigo,

le falta sangre real.

Guardias mandaba la reina

al conde Olinos buscar:

que le maten a lanzadas

y echen su cuerpo a la mar.

La infantina, con gran pena,

no cesaba de llorar;

él murió a la medianoche

y ella a los gallos cantar.

a ella como hija de reyes

la entierran en el altar,

a él como hijo de condes

unos pasos más atrás.

De ella nació un rosal blanco,

dél nació un espino albar;

crece el uno, crece el otro

los dos se van a juntar;

las ramitas que se alcanzan

fuertes abrazos se dan,

y las que no se alcanzaban

no dejan de suspirar.

La reina, llena de envidia,

ambos los mandó cortar;

el galán que los cortaba

no cesaba de llorar.

De ella naciera una garza,

de él un fuerte gavilán,

juntos vuelan por el cielo,

juntos vuelan par a par.





  • El Romance de Doña Alda, un romance literario que toma su argumento de la épica francesa surgida alrededor de la figura de Rolán, el caballero de Carlomagno que pereció en Roncesvalles al intentar llegar a la Península para conquistarla (y al que se le dedicó un poema épico en francés titulado "Roncesvalles"). Doña Alda era su esposa, que se quedó esperándole en París y que segun la leyenda tuvo algún sueño premonitorio que la avisaría de la muerte de su esposo antes de que llegaran las fatales noticias (las comunicaciones en aquella época podían hacer que alguien tardara días o semanas en conocer incluso noticias tan graves como aquella).






En París está doña Alda,

la esposa de don Roldán,

trescientas damas con ella

para la acompañar;

todas visten un vestido,

todas calzan un calzar,

todas comen a una mesa,

todas comían de un pan,

sino era doña Alda,

que era la mayoral.

Las ciento hilaban oro,

las ciento tejen cendal,

las ciento instrumentos tañen

para doña Alda holgar.

Al son de los instrumentos

doña Alda dormido se ha;

esoñando había un sueño,

un sueño de gran pesar.

Recordó despavorida

y con un pavor muy gran;

los gritos daba tan grandes

que se oían en la ciudad.

Allí hablaron sus doncellas,

bien oiréis lo que dirán:

-¿Qué es aquesto, mi señora?

¿Quién es el que os hizo mal?

-Un sueño soñé, doncellas,

que me ha dado gran pesar:

que me veía en un monte

en un desierto lugar:

do so los montes muy altos,

un azor vide volar,

tras d'él viene un aguililla

que lo ahínca muy mal;

el azor con grande cuita,

metióse so mi brial:

el águililla con grande ira,

de allí lo iba a sacar.

Con las uñas lo despluma,

con el pico lo deshace.-

Allí habló su camarera,

bien oiréis lo que dirá:

-Aquese sueño, señora,

bien os lo entiendo soltar:

el azor es vuestro esposo,

que viene de allén la mar;

el águila sodes vos,

con la cual ha de casar,

y aquel monte es la iglesia

donde os han de velar.

-Si así es, mi camarera,

bien te lo entiendo pagar.-

Otro día de mañana

cartas de fuera le traen;

tintas venían de dentro,

de fuera escritas con sangre:

que su Roldán era muerto

en caza de Roncesvalles



 
  • El Romance del Enamorado y la Muerte, uno de los más populares (y para mí, de los más bonitos), que cuenta una trágica historia de amor: un joven enamorado, al que la Muerte personificada (ya veis cuantísimo le gustaba a los medievales esto de personificar a la muerte) viene a buscar dándole solo un plazo de una hora que él invertirá, por supuesto, en intentar ver a su amada por última vez...




Un sueño soñaba anoche,

soñito del alma mía,

soñaba con mis amores

que en mis brazos la tenía.

Vi entrar señora tan blanca

muy más que la nieve fría.

- ¿Por dónde has entrado amor?

¿Cómo has entrado mi vida?

Las puertas están cerradas,

ventanas y celosías.

- No soy el amor, amante:

la Muerte que Dios te envía.

- ¡Ay, Muerte tan rigurosa,

déjame vivir un día!

- Un día no puede ser,

una hora tienes de vida.

Muy de prisa se calzaba,

más de prisa se vestía;

ya se va para la calle,

en donde su amor vivía.

- ¡Ábreme la puerta, blanca,

ábreme la puerta niña!

- ¿Como te podré yo abrir

si la ocasión no es venida?

Mi padre no fue al palacio,

mi madre no está dormida.

- Si no me abres esta noche,

ya no me abrirás querida;

la Muerte me está buscando,

junto a ti vida sería.

- Vete bajo la ventana

donde ladraba y cosía,

te echaré cordón de seda

para que subas arriba,

y si el cordón no alcanzare

mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe;

la Muerte que allí venía:

- Vamos, el enamorado,

que la hora ya está cumplida.


Y además... 



 
  • El Romance del Prisionero, también famosísimo, en el que el protagonista, más allá de la tenue historia concreta que se sugiere en el poema, se convierte en símbolo de todo aquel que sabe que a su alrededor hay alegría, amor y felicidad, pero que él, por cualquier motivo, se ve condenado a la soledad absoluta de no poder disfrutar de ello. Un tema que, por desgracia, nunca ha dejado de tener vigencia. 

    Que por mayo era, por mayo,
    cuando hace la calor,
    cuando los trigos encañan
    y están los campos en flor,
    cuando canta la calandria
    y responde el ruiseñor,
    cuando los enamorados
    van a servir al amor;
    sino yo, triste, cuitado,
    que vivo en esta prisión;
    que ni sé cuándo es de día
    ni cuándo las noches son,
    sino por una avecilla
    que me cantaba el albor.
    Matómela un ballestero;
    ¡déle Dios mal galardón!

    Y además...

     

  • El Romance de la Jura de Santa Gadea, romance literario (concretamente basado en la figura del Cid, gran protagonista de la épica castellana) que recoge un momento que se cree que históricamente no sucedió, que no sabemos si el Cantar lo recogía (os recuerdo que nos falta el principio del manuscrito del cantar de gesta) pero que circuló abundantemente durante toda la Edad Media: el momento en que Rodrígo Díaz de Vivar obliga a su rey, Alfonso VI, a jurar, delante de toda la corte, que no había tenido nada que ver con la muerte de su hermano, el rey de Castilla Sancho II y antiguo señor del Cid. Fijaos que poco queda ya del héroe "mesurado" y respetuoso, incluso en la injusticia, del siglo XII: el Cid aparece ahora como un rebelde arrogante que niega al rey obediencia y respeto. ¡Algo impensable en el Cantar! Pero es que más de tres siglos habían cambiado mucho lo que el pueblo esperaba de sus héroes.

     

    En santa Gadea de Burgos,
    do juran los hijosdalgo,
    allí le toma la jura
    el Cid al rey castellano.
    Las juras eran tan fuertes
    que al buen rey ponen espanto;
    sobre un cerrojo de hierro
    y una ballesta de palo:
    Villanos mátente, Alfonso,
    villanos, que no hidalgos,
    de las Asturias de Oviedo,
    que no sean Castellanos;
    mátente con aguijadas,
    no con lanzas ni con dardos;
    con cuchillos cachicuernos,
    no con puñales dorados;
    abarcas traigan calzadas,
    que no zapatos con lazo;
    capas traigan aguaderas,
    no de contray ni frisado;
    con camisones de estopa,
    no de holanda ni labrados;
    vengan cabalgando en burras,
    que no en mulas ni en caballos;
    frenos traigan de cordel,
    que no cueros fogueados.
    Mátente por las aradas,
    que no en villas ni en poblado;
    sáquente el corazón vivo
    por el siniestro costado;
    si no dijeres la verdad
    de lo que eres preguntando,
    si fuiste ni consentiste
    en la muerte de tu hermano.—


    Jurado había el rey
    que en tal nunca se ha hallado,
    pero allí hablara el rey
    malamente y enojado:
    Muy mal me conjuras, Cid,
    Cid, muy mal me has conjurado;
    mas hoy me tomas la jura,
    luego besarme has la mano.
    Por besar mano de rey
    no me tengo por honrado,
    porque la besó mi padre
    me tengo por afrentado.
    Vete de mis tierras, Cid,
    mal caballero probado,
    y no vengas más a ellas
    desde este día en un año.
    Pláceme, dijo el buen Cid,
    pláceme, dijo, de grado,
    tú me destierras por uno,
    yo me destierro por cuatro.—
    Ya se parte el buen Cid,
    sin al rey besar la mano,
    con trescientos caballeros,
    todos eran hijosdalgo,
    todos son hombres mancebos,
    ninguno no había cano;
    todos llevan lanza en puño
    y el hierro acicalado,
    y llevan sendas adargas,
    con borlas de colorado;
    mas no le faltó al buen Cid
    adonde asentar su campo.

    Y además... 

     

  • El Romance del Infante Arnaldos, basado también ( pero en este caso más remotamente), en la figura de Rolán (fijaos lo que la tradición oral hizo con el nombre de Rolán: lo encontramos como Roland, Ronald, Ronaldo, Orlando, Arnal o Arnaldos, como aquí), aunque contando una anécdota novelesca (es decir, inventada): el encuentro del caballero con un barco y un marinero misteriosos y sobrenaturales. Nunca el fragmentarismo (nos deja sin saber el final) resultó tan poético y abrió tantas posibilidades de interpretación de un romance... 


    Quién hubiera tal ventura
    sobre las aguas del mar,
    como hubo el conde Arnaldos
    la mañana de san Juan
    yendo a buscar la caza
    para su falcón cebar,
    vio venir una galera
    que a tierra quiere llegar
    las velas trae de seda
    jarcias de oro torzal
    áncoras tiene de plata
    tablas de fino coral
    marinero que la guía
    diciendo viene un cantar
    que la mar ponía en calma
    los vientos hace amainar
    las aves que van volando
    al mástil vienen posar
    los peces que andan al fondo
    arriba los hace andar.
    Allí habló el infante Arnaldos
    bien oiréis lo que dirá
    "Por tu vida el marinero
    dígasme ahora ese cantar"
    Respondiole el marinero
    tal respuesta le fue a dar
    "Yo no digo mi canción
    sino a quien conmigo va"

    Y además... 

     



  • Y por último, el Romance de Abenámar y el rey Don Juan, un romance histórico, concretamente  fronterizo, que le echa imaginación y poesía a lo que ocurría en la frontera del reino de Granada, asediado por cristianos pero resistiendo como último rincón de lo que un día fuera el fastuoso rerino de Al-Ándalus. Granada aparece personificada como la amada soñada a la que el rey castellano pretende... pero ella, de momento, se declara fiel a su dueño musulmán. Y uno de los comienzos más conocidos de toda la literatura española (ya sabéis, como el !En un lugar de la Mancha", el "Con diez cañones por banda viento en popa a toda vela" o el "Volverán las oscuras golondrinas...") 


     

     "¡Abenámar, Abenámar,
    moro de la morería,
    el día que tú naciste
    grandes señales había!
    Estaba la mar en calma,
    la luna estaba crecida:
    Moro que en tal signo nace
    no debe decir mentira."
    Allí respondiera el moro,
    bien oiréis lo que decía:
    "Yo te lo diré, señor,
    aunque me cueste la vida,
    porque soy hijo de un moro
    y una cristiana cautiva;
    siendo yo niño y muchacho,
    mi madre me lo decía:
    que mentira no dijese,
    que era grande villanía:
    por tanto, pregunta, rey,
    que la verdad te diría."
    "Yo te agradezco, Abenámar
    aquesa tu cortesía.
    ¿Qué castillos son aquéllos?
    ¡Altos son y relucían! 
    "El Alhambra era, señor,
    y la otra la Mezquita;
    los otros los Alixares,
    labrados a maravilla.
    El moro que los labraba
    cien doblas cobraba al día,
    y el día que no los labra,
    otras tantas se perdía.
    El otro es Generalife,
    huerta que par no tenía;
    el otro Torres Bermejas,
    castillo de gran valía."
    Allí habló el rey don Juan,
    bien oiréis lo que decía:
    "Si tú quisieses, Granada,
    contigo me casaría;
    daréte en arras y dote
    a Córdoba y Sevilla."
    "Casada soy, rey don Juan,
    casada soy, que no viuda;
    el moro que a mí me tiene
    muy grande bien me quería."


Comentarios

  1. El Romance del Enamorado y la Muerte ha sido mi favorito sin duda. ¡Realmente adoraban personificar la muerte por aquella época! Pobre muchacho, él con tan buena intención, deseando ver a su amada por última vez y ésta Le da un cordoncillo de seda para escale hasta su ventana...

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    Respuestas
    1. Para mí también es uno de mis favoritos Lucía. Jeje...un poco inverosímiles sí que son...También le ofrece sus trenzas para que trepe...jejeje. Buen comentario. ;-)

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